Cultura e historia

La leyenda del pequeño ruiseñor

Si nos pusiéramos a contar las leyendas populares cortas que tienen como tema central a la avaricia, no terminaríamos ni en una eternidad. La historia que estoy a punto de reseñarles, ocurrido hace varias décadas.


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Sucede que Brígida no dejaba que su marido saliera a la calle sin su permiso. Según ella decía que porque aquel hombre era exageradamente feo y jorobado.

– No quiero que vayas a espantar a las vecinas con ese rostro tan horrendo que tienes. Le repetía constantemente.

Y ustedes se preguntarán… ¿Cuál fue la razón por la que ella se casó con él, si con suma frecuencia le demostraba su desprecio? Simple, Atilano poseía la fortuna más grande del valle. De hecho, esa era uno de los motivos por los que no quería que éste saliera pasear, dado que le preocupaba que se encontrara con una buena mujer y la terminara abandonando.

Lo que ella ignoraba es que Atilano conocía varios conjuros de magia ancestral, que inclusive le brindaban la oportunidad de transformarse en cualquier animal que deseara. Además, su joroba y aspecto físico también eran producto de un hechizo, pues él creía que tarde o temprano su esposa acabaría enamorándose sólo por sus sentimientos, dejando de lado los aspectos materiales.

Mientras ella dormía, su esposo se transformaba en un pequeño ruiseñor de plumaje café claro que salía a través de la ventana. Como sabes, en la antigüedad, muchas parejas dormían en habitaciones separadas, por lo que el engaño funcionaba a la perfección.

Durante esas noches, el pajarillo se posaba sobre la rama más alta que encontraba y se ponía a meditar sobre su situación, mientras miraba como la luna y las estrellas iluminaban el paisaje.

Una mañana en la que Brígida se levantó malhumorada, le comentó a su esposo:

– Este matrimonio no puede continuar. Ni yo te hago feliz, ni tú a mí. Tu sola presencia me provoca hastío y repulsión. Pese a todo, te considero un hombre medianamente inteligente y pienso que con el correr de los años te has dado cuenta que únicamente me casé contigo por interés.

– Lo que me dices ahora hace mucho tiempo que lo sé. Sólo que una parte de mí se negaba a aceptarlo, ya que aunque no lo creas yo todavía veo en ti algo de bondad. Sin embargo, estoy seguro que para que esos sentimientos salgan a la superficie tendrían que pasar varios lustros más y yo tampoco estoy dispuesto esperar más.

No tienes nada de que preocuparte, mañana que te despiertes todo se acabará y te prometo que no volverás a verme.

En el momento en el que el valle quedó en penumbras, un halo de tono morado cubrió la casa y al poco tiempo salió de ella el pequeño ruiseñor.

El sol entró por la ventana de los aposentos de Brígida haciendo que esta se levantara. Todo en aquel cuarto era distinto, la cama se había transformado en un petate, no estaba el ropero etcétera.

La señora abandonó el lecho despavorida y al salir del cuarto advirtió que su casa se había transmutado una pequeña choza. Volvió la mirada hacia abajo y notó como su vestido y su calzado ahora eran harapos. Lo que más le sorprendió encontrar fue que en el dintel de la puerta yacía una pluma de un ave pequeña,